jueves, 17 de noviembre de 2011

Días de Sol...

Que marcadas se pueden llevar las estaciones del año en el alma. Un otoño que tiñe todo de sepia, con un viento fuerte que trae olor a nostalgia, una idea de que todo lo que está alrededor está envejeciendo, pero aun así se disfruta, atrae. El invierno crudo, frío y oscuro que nos trae días en que pasar sentados en un sillón, viendo una película, un corto o escuchando a música junto a un café, nos parece lo mejor de la vida. El salir a la calle intimida, pero al escuchar el sonido de cada gota de  lluvia y sentir la piel mojada, y ese frio que muchas veces traspasa todos los sentidos, hace que todo temor desaparezca y se vuelva placentero, pero que aun así no provoca ese regocijo del corazón.  De a poco, el aire se vuelve más cálido, aun es frío… pero trae algo diferente, y sin darnos cuenta lentamente el sol de primavera nos comienza a entibiar la sangre y nos invita a salir de aquel cascaron que el invierno nos envuelve. Y quien sabe si también nos deja invitados al verano, donde la piel resplandece y el calor la quema, las sonrisas aparecen por todos lados, la brisa del mar estremece los sentidos, los ojos brillan con cada atardecer y el azul del cielo está asegurado, al menos por un par de meses.
Estamos llenos de ciclos y está en nosotros llevarlos a cabo de manera correcta. En lo que a mí respecta, creo que ya hace algunos años que no salía de un otoño e invierno permanente, simplemente porque no quería salir. De a poco se comienza a sentir esa calidez de este sol de primavera, y que por primera vez en mucho tiempo, no asusta, al contrario… de la nada da fuerzas, e impulsa esas ganas de luchar por un verano sin pensar si quiera, en el próximo otoño.

Quizás un poco tarde, quizás un poco equivocada... pero si eso te hace sonreír.. quizás valga la pena.

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