Los días pasaron y parecía que nada cambiaría… pero todo
llega en su momento.
Era una sensación conocida, ella hablaba de lo bien que le
estaba llendo y el la miraba y escuchaba con atención, siempre con una sonrisa
en la cara y los ojos llenos de dulzura. Sentía que compartía al fin la
felicidad de su éxito con quien realmente quería.
Las vueltas de la vida los enredo en sus laberintos, los
lleno de malos momentos y de sombras… pero en el fondo nunca se alejaron,
seguían sintiéndose, pensándose y recordándose mutuamente.
Todos dicen que de ellos juntos, nada bueno puede salir,
pero nada se puede hacer cuando es el alma quien reclama, quien pide, necesita
y desea… nada ni nadie lo destruye…. A menos que ambos sean débiles de corazón. Tan solo una caricia la hace vibrar, un abrazo la protege y
un mirada la cubre… ella no necesita más, podría pasar la vida en sus brazos…
él siente por fin la paz que tanto tiempo busco, los brazos que por fin lo
acogieron con una mezcla perfecta de fuerza, dulzura y comprensión, unas manos
que lo acariciaban con una ternura y suavidad que se le metía en los huesos y
en cada partícula de su piel… el tiempo se detiene para ambos, pero ya es
tarde, es hora de volver. A los dos los esperan, y ellos solo desean quedarse alejados de todo
y de todos.
Ella teme no volverle a ver…. Temor que no disminuye con tan
solo una promesa; necesita hechos,
necesita algo más que simples palabras.
Finalmente no le queda más que esperar tranquila y confiada
en Dios y la vida, que lo que pase será lo mejor para los dos, e independiente
de que algo no salga bien, esa dulzura,
ese amor, ese sentimiento puro que ambos sienten, no se desvanecerá con nada,
ni con el tiempo, ni con la distancia.
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